Su pasión por llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo sigue siendo una chispa que enciende a toda la Familia Claretiana.
Claret nació en Sallent, España, en 1807. Desde muy joven llevaba dentro un fuego: quería servir a Dios y a la gente con todo lo que tenía. Fue sacerdote, predicador incansable, misionero de corazón y fundador de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María —los Claretianos—.
Su vida fue pura entrega. Recorrió pueblos enteros anunciando la Buena Nueva, escribió cientos de libros y folletos para alimentar la fe, fue arzobispo de Santiago de Cuba, acompañó como consejero a la Reina Isabel II, y nunca dejó de defender a los más pobres y olvidados.
Lo que movía todo en él era ese amor profundo por Cristo y su Evangelio. Él mismo lo decía con fuerza: «¡El amor de Cristo me urge!» (2 Cor 5,14). Esa frase lo resume todo.
Hoy, en nuestras comunidades de la Provincia Colombia Oriental y Ecuador, seguimos caminando esa misma misión. Con alegría, creatividad y mucha fe, hacemos vivo su espíritu en cada proyecto educativo, en cada encuentro pastoral, en cada salida misionera.