San Antonio María Claret es llamado el apóstol del siglo XIX. Y eso fue toda su vida: de celo y apostolado. Desde niño le infundió el Señor ardiente deseo de salvar las almas, y ese celo fue creciendo toda su vida. Se hizo misionero apostólico y se entregó totalmente a la obra de las misiones, recorriendo toda Cataluña, Canarias, la archidiócesis de Cuba y después la mayor parte de España, anunciando apostólicamente la palabra de Dios en misiones, ejercicios y toda clase de predicación: a toda clase de personas, en todos los lugares, en las ciudades más populosas como en las más pequeñas aldeas.
Acompañó este apostolado de la palabra con el de la prensa, publicando innumerables libros y opúsculos, difundiendo toda clase de buenas lecturas, fundando asociaciones para la propaganda religiosa. Y lo completó con el apostolado del buen ejemplo, en la palabra, en todo su porte, en toda su vida santísima, que trascendía a Dios y que sólo buscaba las almas para llevarlas a Dios.



